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Jefes de equipo: Descubre cómo es el nuevo modelo de jefes

No es difícil imaginarnos a esa persona que está en la puerta de la empresa, tomando el tiempo de llegada de cada una de las personas que están bajo su supervisión, presionando a todo el mundo para que hagan su trabajo, o respirándote en la nuca mientras intentas concentrarte. Tal vez, muchos de nosotros ya nos hemos topado con personas así o hemos escuchado cuentos de amigos o familiares. 

Y es que cuando pensamos en una persona en el rol de jefe, seguramente nos viene a la mente el típico cliché del “mandamás”. Sin embargo, la creciente demanda de jefes de equipo por parte de una gran variedad de organizaciones, en todos los ámbitos de trabajo, ha despertado una necesidad de evaluar lo que significa realmente en la actualidad este papel en las organizaciones, y, además, de erradicar lo que por muchos años se consideró como “jefe”.

Nuevos modelos de jefe

La anterior imagen, ciertamente, hace parte de cómo se llevaba – y en algunos lugares todavía se lleva – a cabo la función de jefe de equipo. Esa misma imagen fue la que creó en muchos la imagen “idealizada” del mandatario, en otras palabras, la persona que genera miedo y estrés para dar mayores rendimientos; afortunadamente; esto ya no es así; aunque muchos no quieran soltar este “arquetipo”.

Cabe destacar que, aunque muchos quieran seguir reproduciendo el modelo “militar” de equipo, esta representación podría ayudarnos a tener claridad de qué debemos evitar al momento de estar acompañando en este rol a un grupo de personas. 

De esta manera, teniendo en cuenta qué no es, echemos un vistazo, en primer lugar, a las funciones elementales de los jefes de equipo, para pasar luego, como segunda parte, a las características de los buenos líderes de grupo, vamos allá.

Funciones elementales de un jefe de equipo

En primer lugar, detengámonos en las funciones principales que deben desarrollar los buenos jefes de equipo: orientar tareas. 

Prestemos atención en esta tarea fundamental, pues en ella está implícita la capacidad de hallar y fortalecer en cada uno de los miembros de su equipo las diferentes capacidades y talentos que cada uno tiene, y encaminarlas al desarrollo concreto de las tareas propuestas para el equipo de trabajo.

De esta manera, el orientar las tareas, no debe ser entendido como la imposición de funciones y trabajos basados solo en la autoridad de los líderes, sino en el correcto aprovechamiento de los recursos esenciales de los equipos. 

Así pues, quien sea jefe de equipo podrá dirigir marcando objetivos, definiendo responsabilidades y reglas de funcionamiento del grupo, y, definiendo el para qué; por su parte, el equipo podrá enfocarse en el cómo.

En segundo lugar, después de que el personal de trabajo adquiere cierto nivel de eficacia, la persona que ocupa el rol de jefe de equipo deberá estimular el desempeño y evitar que el grupo se estanque en la zona de confort, pues, es una tentación común el tender a relajarnos cuando las cosas fluyen bien, en vez de mejorar cada día, es en este punto donde  los jefes deben estar atentos para despertar en las personas una constante motivación. 

Por lo consiguiente, el grupo de trabajo, poco a poco, irá adquiriendo el ritmo de trabajo deseado; de esta manera,  la función del que acompaña el grupo, en este punto, estará más enfocada en delegar, pues su presencia aquí, generalmente, no es tan necesaria.

Sin embargo, los miembros del equipo deben sentir constantemente que no están solos y que cuentan con el apoyo de su jefe de trabajo; al fin, el gran reto de este será aceptar que ese grupo ya ha adquirido madurez y que no se requiere estar encima de la operatividad del equipo. Los jefes siempre serán un referente y sus equipos necesitan saber que está ahí.

Por último, mencionemos algunas características de los buenos jefes de equipo y revisemos si tenemos algunas de ellas.

Características de los buenos jefes

En primer lugar, una persona con el rol de jefe, debería contar con la capacidad de influir positivamente en las personas; es decir, es referencia en el grupo, de esta manera no es difícil que los demás sigan sus instrucciones.

En segundo lugar, tiene visión, o sea, tiene la habilidad de afrontar y buscar prontamente soluciones a los problemas, puede descubrir fácilmente oportunidades; se anticipa a nuevas posibilidades y no se encierra en sus ideas, sino que tiene una apertura a escuchar lo que su entorno quiere manifestar.

De la misma forma, quien ocupa este cargo tiene coraje para afrontar nuevos obstáculos e inyectar en su grupo este mismo impulso para sobrepasar estas situaciones juntos. 

Además, una comunicación adecuada, que consiga transmitir a los demás sus ideas, puntos de vista y argumentos sin agresiones. En este sentido, sabe llegar a acuerdos que beneficien a todos, pues no se trata de imponer ideas, sino de convencer con argumentos sólidos, sobre lo que es lo mejor para todos.

Tiene la habilidad de ser flexible, y saber cuál es la medida justa de la autoridad que debe representar, además de no crear en sus allegados la sensación de indiferencia, sino por el contrario, es capaz de ver las necesidades de cada uno de los miembros del equipo 

Conclusión

En conclusión, vemos que es necesario sacar de nuestra mente la idea del equipo “militar”, pues sabemos que eso, más que ayudar a un buen desempeño de trabajo, hace todo lo contrario, ya que afecta la sana convivencia y el entorno laboral. 

Además, podemos ver que, las tareas fundamentales de los jefes de equipo tienen que ver con el acompañar, guiar, sacar lo mejor de su equipo y ponerlo al servicio de nuestro proyecto común. 

En un último momento, vimos algunas de las características de los buenos jefes, las cuales debemos acrecentar y fortalecer en cada uno de nosotros para generar un mejor desempeño en nuestros ambientes de trabajo.

 

 

   

 

 

 

Equipo Editorial

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